Menem, el fundador de la cooperativa del PJ; hoy la administra Quintela

Carlos Menem supo construir poder desde La Rioja hacia todo el país. Fue tres veces gobernador, estuvo preso y fue presidente por dos períodos. Lo hizo desde la pequeña localidad de Anillaco para llegar a la Casa Rosada. Ese camino se trazó por la conformación de la cooperativa de poder del Justicialismo, que maneja la provincia desde el regreso a la democracia y antes.

La llegada de Menem a la Presidencia provocó que el poder local fuera pasando de manos en el sillón de Gobernador, como son los casos de Bernabé Arnaudo, Ángel Maza, Luis Beder Herrera, Sergio Casas y hoy Ricardo Quintela.

El actual gobernador cumplió su sueño de ser primer mandatario provincial porque antes hubo el trabajo de otros dirigentes que él acompañó y hasta disfrutó las mieles del poder al ser diputado nacional, intendente y funcionario respectivamente.

El peronismo en las últimas elecciones viene sintiendo el agotamiento con la sociedad riojana, fundamentalmente del departamento Capital y de la ciudad de Chilecito, que son los dos bastiones electorales más importantes de la provincia.

Hoy la Capital está en manos de la alianza Juntos por La Rioja que la colocó a la ex senadora nacional, Inés Brizuela y Doria, en ese lugar. Luego Luis Beder Herrera como candidato a diputado perdió frente al desaparecido Héctor Olivares, como así también Menem como candidato a senador contra Julio Martínez.

Muchos quintelistas creen que la Gobernación fue por arte de magia y desconocen el pasado peronista, lo que ha creado malestar en dirigentes históricos, más allá que muchos tienen un sueldo del Estado, como siempre ha sucedido.

El justicialismo siempre realizó la misma estrategia: fue mantener el poder cómo sea. Por eso, durante dos elecciones a gobernador se presentó como lista muletto la integrada por Quintela y Fernando Rejal, y luego se sacrificó Beder Herrera. Si no hubiera pasado eso, quizás hoy sea otra la realidad política en La Rioja.

Desde 1983, el peronismo mantiene el control absoluto de las instituciones, pero cada día le sale más caro (no solamente económicamente).