El zoom político: El amotinamiento chileciteño

El estilo de gobernar de Ricardo Quintela es similar al realizado en la Municipalidad, que significa rodearse de familiares y amigos a través de los cargos estratégicos de gestión. No cambió y no cambiará la forma de hacer política, que se sintetiza en las largas filas en la Casa de Gobierno para la entrega de un subsidio, como pasa en su domicilio particular y en la Residencia Oficial.

Ese es Quintela, eso es el quintelismo familiar y amigo. Hubo planteamientos concretos hacia el ex gobernador Sergio Casas porque el (ex) casismo se dio cuenta que solo son parte de un gobierno en una fotografía oficial. De allí en más no manejan nada.

Casas le respondió que su candidata era Florencia López, hoy vicegobernadora y ex intendenta de Arauco, quien fue propuesta por la agrupación casista Talampaya. No estaba errado, aunque muchos presionaron para que la candidata no sea una mujer.

Lo sienten en carne propia a ese vacío los funcionarios chileciteños, muchos de ellos con pergaminos electorales, pero hoy son ninguneados en privado y últimamente en público. Fernando Rejal lo sufre a Ernesto Pérez y Ariel Puy Soria a Armando Molina, como otros que ni firma tienen para que tenga peso su presencia en un cargo.

Cuidado también le pasa al resto de ministros, secretarios y demás funcionarios que no son del riñón de Quintela, ya que es la misma persona y por qué ahora debe cambiar cuando cumplió el sueño de ser el gobernador. Hasta el quintelismo se da el lujo de afirmar que no le interesa lo que dice la calle, hasta ese punto llegó la locura de subirse al poder transitorio.

El estilo de hacer política del quintelismo se basa en hacer lo que saben y no arriesgar en nada, ya que temen algún cachetazo. Por eso, la vida del Gobierno provincial pasa por la Capital más allá de una lágrima en un discurso en el interior profundo.

La vida del quintelismo es el principal departamento, ya que es una deuda pendiente desde la Ciudad de los Sueños y especialmente ser reconocidos por la clase media riojana, algo muy lejano.

El propio Luis Beder Herrera creyó que lo iban a ir a buscar a su casa para ser el consejero quintelista, a través de un decreto. Eso hasta ahora no pasó y salvo que el agua le llegue al cuello al gobernador, Quintela seguirá gobernando con su quintelismo. Beder Herrera le apunta en forma permanente a Armando Molina, el hermano del alma de Quintela.

Más allá de un llamado telefónico quintelista al ex gobernador, Molina lo dice en sus encuentros en la fiambrería que Beder Herrera ya cumplió su ciclo y lo manifiesta un quintelista puro. ¿Será el pensamiento del gobernador?.

El ex gobernador hasta debe haber creído que un tropiezo quintelista lo posicionaba y eso es todo lo contrario, ya que la sociedad capitalina (en su mayoría) entiende que es un gobierno de continuidad. Los mismos funcionarios desde Ángel Maza, a quien tratan de reflotarlo tras su destitución bederista.

Beder Herrera camina por la cornisa de desaparecer políticamente como Bernabé Arnaudo, Maza, Carlos Menem y hasta Casas, que se fue al Congreso para no hablar nunca más de política, solo una foto en la Cámara de Diputados.

Quintela se enoja todos los días con algo que está muy instalado en la política riojana: tiene la caja, pero no el poder político en una provincia y especialmente con una dirigencia que un día fue mazista, al otro día bederista y más tarde casista, para hoy aplaudir al quintelismo.

Eso se ve en la Legislatura que tiene los mismos vicios que en la época de Maza y en su momento, Beder Herrera aprovechó para desplazar a un gobernador.

Los diputados -como toda la política- están muy lejos de la gente, por lo cual hay un temor oculto que por el enojo social se cree una tormenta que nadie sabe en qué puede terminar. La política no se pone colorada a la hora de mostrar fotografías de mesas largas con comidas de chef especializados o llorar en un discurso para luego subirse a vehículos que no se venden en La Rioja.

Este año es electoral, pero el fondo del oficialismo es desalentar la participación ciudadana en las urnas porque conoce que el riojano critica solo en lo privado, pero nunca en la público, salvo excepciones. Por eso, es importante que en las próximas elecciones la sociedad vaya a votar con o sin pandemia para que luego sus enojos no sean solo desde su casa.

Febrero es un mes chayero, pero donde lentamente la provincia tendría que volver a la normalidad con las escuelas y los empleados públicos. Se lanzará la empresa Rioja Bus con la presencia del ministro Mario Meoni, donde el quintelismo lo tratará de vender como una fiesta, pero el fondo es que no hay dinero que alcance porque el incremento anunciado llega devaluado cuando se perciba la primera cuota en marzo.

Tras el año pasado duro de pandemia, Quintela, el quintelismo y la política tiene un desafío que es cambiar el humor social por encima de los amotinamientos internos por la falta de protagonismo.

Lo cierto es que con harina y mucha música chayera, el común de la gente tiene un problema muy grave: de bolsillo que no se cubre con un subsidio o lanzar la campaña del punto perdido de la coparticipación.